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CUYAS PROFESSOR OF SPANISH

por María Dolores Bolívar

  

                                                                           Pronuncio, luego existo…

                                                                           O el fuero territorial de los acentos

The plaintiff, on the third day of March, 1870...
Cuyas, primer operador. ¿Y socio?
...leased to the defendant the Pico House, in Los Angeles, at the monthly rent of $570..

No es necesario escribir biografías abundantes. A veces, los datos de las personas abundan y lo mejor, en esos casos, es sacar el cedazo y filtrar aquellos que no dicen mucho o que distraen de otros con más significado y trascendencia. Hay otras en que las vidas se atraviesan con la nuestra para mostrarse con la esura de quien apenas deja huella. Yo solo supe tres cosas acerca de Antonio Cuyas: que fue el primer operador de Pico House (La casa Pico) o amigo del influyente Pió Pico, último alcalde de Los Ángeles; que se ganó la vida de profesor de español, a cambio de menos de un dólar por mes y, finalmente, que fue candidato a darle el nombre a la calle Hays, cuando la ciudad creció expandiéndose, en su realidad moderna. O más bien, que le negaron la gloria de las calles a quien habiendo llevado una vida ejemplar solo padeció el haber tenido por nombre uno poco sonoro para las lenguas sajonas. Así, nació esta crónica.

 

 

La nomenclatura de las calles cambia, sin que podamos evitarlo. A veces, uno ni siquiera entiende por qué o por quiénes, en tanto que las personas de carne y hueso pierden incluso su humanidad a partir de que los rebasa la notoriedad de la calle a la que dan su nombre. Hoy, no hay persona ordinaria en Los Ángeles, escenario de estas reflexiones, que sepa ubicar a Sepúlveda, Vignes o Figueroa, sin dudar de si fueron primero sus nombres o las calles. Pero esta crónica no quiere perderse en los intríngulis del pretendido y pretencioso “garbo metropolitano/metropolitan garb” en el que se insertan los protagonistas de una nomenclatura citadina que decide, a capricho, mudar nombres para echar tierra sobre el “espíritu provinciano (quizás también mejicano)” -así se quiso eliminar inútilmente Main, High, Chestnut, los Chapules, Eternidad o Buena Vista -. Quiero con estas líneas subrayar el “garbo” sí, sí, el insólito donaire con que transitó por mi historia california Antonio Cuyas A. M. quien al fin de mis pesquisas reapareció bajo la piel del controvertido primer operador de Pico House, profesor particular de español y distinguido gentleman, afincado en una casona de Castellar St. Mister Cuyas es el polémico personaje cuyo nombre corrió como primera opción para asignarlo a la avenida High, hoy Ord St, por allá por los años ochenta del siglo 19 –Cuyas Avenue-.

 

No sé si Antonio Cuyas fuese en verdad Antonio Cuyás (como la famosa enciclopedia) y que hubiese perdido su acento por virtud o desgracia de su residencia en Los Angeles (Así hoy muchos me nombran Maria Bolivar en lugar de María Bolívar). El Antonio Cuyas que yo encontré en el primer directorio oficial de la ciudad, avecindado en Pico House, en 1872 –época en que se desempeñara como su primer operador- se ganaba la vida de profesor de español en 82 y 83 a razón de algunos pesos por hora. A principios de los setentas Cuyas era uno de 1366 habitantes de LA aparecidos en el directorio de la ciudad, por separado de los precintos aledaños de Anahaim, El Monte, Gallatin, San Gabriel Mission, San José, Santa Anna y Wilmington. Pero no fue por este directorio que conocí del oficio de Cuyas, mi colega, sino porque años después él vivía y enseñaba en el número 24 de la calle Main -para el 15 de abril de 1882- y en el cuarto número 11 de Downey -para el 7 de noviembre de 1883- anunciándose en el recientemente aparecido Los Angeles Daily Times (diciembre 4 de 1881). Mis primeras preguntas surgieron a manera de guía de mis pesquisas. ¿Cuántos años tendría Antonio Cuyas en 1872 cuando operaba la Cuyas y Co, de arrendatario de Pío Pico? ¿Qué similitud habría entre la vida de este colega, avecindado en apartamentos -de menos tres en un lapso de once años y ofreciendo sus servicios, al decir de otros de su gremio, a términos modestos (módicos pagos)- y yo? ¿Cómo adquirió fama tal que se pensó en darle su nombre a una calle tan céntrica de Los Ángeles, siendo él apenas un emigrante llegado a la ciudad en 1869 y tan obviamente venido a menos o caído en desgracia a partir de la disolución de su sociedad y compañía Cuyas and Co tristemente agotada en el 73, año en que Pico entabló querella contra él en las cortes californias?

Professor Cuyas
Los Angeles Daily Times 1882.

La certeza de su residencia en Los Ángeles, durante los ochenta, al igual que la de su oficio, me la dieron los anuncios clasificados de los ejemplares no. 114 (Vol. 1) y no. 182 (Vol. 4) de Los Angeles Daily Times (Donde Los Ángeles tampoco luce acento) publicados los matutinos, sabatino y del miércoles, hace ciento veintisiete (127)  y ciento veintiséis años, respectivamente.

THE PUREST SPANISH

En la plana del sabatino, en 1882, operaban sin competencia pocos profesores, uno de música y otro de medicina magnética, quien además fungía como doctor, ofreciendo sus visitas a domicilio. En la hoja del miércoles, un año y siete meses más tarde, la oferta de instrucción particular –TEACHERS- había crecido. Una profesora de arte, residente de la cuadra Nadeau, una maestra para niños menores de Francés, música y modales, Madam Leentine Harger; los profesores Brandau, de Piano y Órgano, Adams y Jolichvoigt de Francés y Alemán y Mancho, cuyo interesantísimo y elocuente anuncio debió sacarle una cana a Cuyas, considerando que éste repetía en 1883 su misma escueta línea promocional de 1882, con tan sólo mayor precisión en su nombre, quizás con el propósito de resaltar su ascendencia competitiva con respecto al señor Mancho –A. Cuyas A.M-. He aquí el clasificado del Prof. Mancho:

En Downey Block
A. Cuyas A. M.

Free from any mixture of other dialects
"...as much a native of Spain as others called so."

Investigar a Mancho me tomará más tiempo, debido a su sobrenombre, y puesto que carezco de los espléndidos datos que hallé siguiendo la veta Cuyas. Sucede que el 9 de septiembre de 1886 mi distinguido colega acudió a insólitos honores, dignos de especial atención. Hubo en la ciudad un debate en torno a darle su nombre a la calle High visto que el nombre de ésta entraba en conflicto con New High. Fue a estas alturas que descubrí que Cuyas arribó a Los Ángeles, procedente de España, en 1869, además de que fue el primer operador de La Casa Pico y que, para cuando el debate de su nombre aconteció en las páginas del diario, ya se había mudado a Castellar Street, una cuadra al sur de High. El nombre de Cuyas fue rechazado por el consejo de la ciudad, motivo por el cual la indignación hizo que salieran a la luz las razones de dicho rechazo: Cuyas era un nombre difícil de pronunciar. La alternativa Walters (apellido del dueño del hotel Internacional) fue brevemente adoptada. La decisión del consejo provocó la indignación entre las poblaciones hispanas. Las cartas al editor que consignan el referido debate aparecieron en el diario con fecha 8 y 9 de septiembre. Hoy son un interesante testimonio de época para cualquier profesor de lengua. He aquí el pasaje original tomado de dicha misiva que muestra el reparo del consejo y su recomendación:

 "...to find a name more easily pronounceable by a Saxon tongue."

THE SAXON TONGUE

La carta al Times del 8 de septiembre argumentaba:
“Ridiculous objection! and what a reflection on the
capabilities of the "Saxon" race! It is a great shame that
the Council should permit such a delusion to influence an
important decision, and it is one that will certainly find
little favor among intelligent people!
Y el 9 de septiembre, bajo el título de “Cuyas Avenue Again” se avivaba la respuesta a favor del profesor:
    “Could anything be more absurdly unreasonable, while
    such names as the following properly exist for some of our
    city streets:  Marchessault, Chavez, Figueroa, Vignes,
   Sabichi, Castellar, and so many more difficult to pronounce
   than "Cuyas" […]?  Further comment is unnecessary, as any person
   of ordinary intelligence can readily perceive the emptiness
  of so lame an objection."
  

MODERATE TERMS

Y ahora al punto principal que me atrajo a este pasaje de historia angelina. Cuál era el sueldo de Cuyas, como profesor de español. ¿Ostentaba al mismo tiempo los cargos de operador de Pico House y de profesor particular debido al costo de la vida? ¿Asumió el oficio decepcionado por los negocios y, en particular, por su fallido negocio con el célebre Pío Pico? En los mismos documentos que me revelaron su identidad descubrí algo de lo que habría podido ser el salario de Cuyas. La señora Leentine Harger se muestra en su aviso un poco más elocuente respecto de los “terms” de sus servicios –a los que otros profesores solo aluden como “moderate terms”. La señora Harger obtenía de cada uno de sus estudiantes, pagaderos por adelantado, tres dólares al mes, a cambio de instrucción de francés, música y modales. Ahora bien, la escuela de Negocios –o administración, que me perdone Mancho la mezcla de dialectos en mi español mexicocalifornio- cobraba por separado el español, como consignan estos avisos de Los Angeles Business College:

Horizontal Divider 12

  
LOS ANGELES BUSINESS COLLEGE
Seventh year of this institution. Six under present management. A thorough course of Business Theory and training is pursued. Students admitted at anytime. Spanish taught separate by competent teacher.

LOS ANGELES BUSINESS COLLEGE

Year scholarship.

Day………………$75

Evening…………. 40

Six months scholarship

Day………………40

Evening…………..25

Per month

Day……………….8

Evening…………...6

Spanish tuition separate:

$5 per quarter

$2 per month

Horizontal Divider 12

La colegiatura de este centro educativo, situado en el 417 de West 5th Street equivalía a unos siete dólares mensuales con dos, adicionales, por instrucción de español. No puedo imaginar que los términos de Cuyas excedieran los dos dólares al mes, lo que vendría a darnos unos cuantos centavos por hora. El valor equivalente de un dólar de aquellos tiempos puede calcularse en veinte dólares de hoy. Nuestro amigo Cuyas obtendría decorosamente de sus alumnos particulares una cantidad equivalente a unos trescientos dólares por mes. Y bueno, es obvio que entonces como hoy el oficio de profesor no era muy bien pagado. Y también es obvio, hélas, que el prestigio del profesor ha decaído pues, no conozco ningún caso contemporáneo de debate en torno a dar por nombre el de un profesor a calle o avenida alguna. 

Hay algo en Cuyas que me llamó la atención sobremanera, y es su estabilidad. Durante los 17 años que transcurren desde el día de su arribo a California hasta el día en que da inicio la polémica de la calle High (hoy Ord St), ocupa varias casas pero se mantiene en la misma profesión, ciudad, área céntrica. Un paréntesis marcó su vida alejándolo del ánimo de uno que fuera su buen amigo, Pío Pico. Los archivos de la suprema corte de justicia guardaron ese episodio que marcó la vida de Cuyas inclinándola de manera definitiva hacia la de un profesor de español, sin más vuelos.
 

Es fácil deducir por qué se mudó de Pico House a Main y, luego, a Downey, para finalmente instalarse en su propiedad de Castellar. Aún así y a pesar de su prestigio que trasciende hoy, vía el diario y el directorio de la ciudad, ser profesor de español le dio una vida polémica que, a fin de cuentas, no le permitió acceder a la genealogía de las calles por las que transitó garboso, compartiendo con otros su lengua natal. Quizás le haya faltado a Cuyas establecer como lo hizo el colega Mancho, que hablaba castellano (from Castile), que poseía la lengua de Cervantes sin contaminación “de dialectos”. Pero no, sobrio, escueto, anunció su talento para ponerlo al servicio de sus alumnos potenciales, sin ensalzarse demás ni alertar a sus competidores como si seguro de sí mismo le bastase declarar: Cuyas, professor of the Spanish Language. Y vivió de ese oficio hasta alcanzar la notoriedad que sólo le birló el poseer un apellido poco sonoro a los de lengua sajona. Cuyás, Cuyas, Khueeas… ¡Ni hablar!


"Miré las casas vacías; las puertas desportilladas, invadidas de yerba.
¿Cómo me dijo aquel fulano que se llamaba esta yerba?
"La capitana, señor. Una plaga que nomás espera que se vaya la gente para invadir las casas..." 

Pedro Páramo/Juan Rulfo
 

"Ya lo creo que volveré, para buscar entre los puestos del Arroyo al merolico que me vendió corteza del Perú, esa con la que se elabora el bálsamo; buena para sanar los dolores y el ansia. Tal vez en ella esté el antídoto que nos está haciendo falta."
 


"El día sin su noche"/Zacatecas polvo y luz
 

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