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Origen, mexicano. Misterios bajo El Sombreretillo
Sombrero o chistera, bajo la cual se desdoblan los misterios de la imaginación.
Por
María Dolores Bolívar
Los caminos de la investigación de una vida personal, por más que ésta sea la de alguien
tan célebre como Thomas Alva Edison, son abigarrados. Resulta interesante que en mi paso hacia su
origen hallase a la sociedad Teosófica, a madame Helena Blavatsky y, por ende, a Jesse Shepard, dueño espiritualista
de la Villa Montezuma, misteriosa mansión victoriana donde iniciaron mis reflexiones, al encuentro de un Psychophone
(tema de mi próximo ensayo). O, mejor, Sombrerete, la prestancia inspiradora del Sombreretillo y, claro está,
aquellos años compartidos con el México profundo, que no olvido.
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He estado en Sombrerete
dos veces en mi vida. En una de ellas, el olvido fortuito de mi cámara en el restaurante donde desayuné me llevó
a vivir momentos inolvidables de domingo vivo, bullanguero y muy musical en los portales. Y escribí: “No
debe haber nada más incitante a permanecer en cualquier parte que la música de una banda. No podría recordar
la pieza que tocaban, pero desde una accesoria pude ver en mi mente ‘al gordero’ del corrido de Luis Moya, trocando
al ritmo de su rima habitual de la venta de sus delicias, el anuncio del triunfo maderista. Eran veintitrés sus
hombres/idealistas con Madero/los que tomaron a Nieves/el día cuatro de febrero. En vez de anunciar
las gordas/gritó de pronto el cordero/¡Abajo Porfirio Díaz/ y viva Pancho Madero!”
Bajo la contundente amenaza de perder el
único camión que habría podido llevarme de regreso ese día hasta Zacatecas, disfruté de
aquel ambiente plagado de relatos entre los que corroboré, por segunda ocasión, la vitalidad de la anécdota
del origen real de Thomas Alva Edison.
Aclaro que la grandeza de Sombrerete no requeriría de mayores glorias o de mayores misterios que los
ya jugados en la historia, desde los tiempos de Juan de Tolosa y los heredados a las leyendas de auge que fueron las minas
de Pabellón y Veta Negra. Sin embargo, la placa de la calle Hidalgo que anuncia oronda “En esta casa nació
Tomás Alva Edison [sic], el 18 de febrero de 1948” no podría pasar desapercibida como uno de los motivos
por los cuales remontarse hasta ese punto de México.
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EL CONTEXTO:
Ya sea sombrerete o sombreretillo son términos inusuales que nombran
a un pequeño sombrero al que hoy el español mexicano consignaría como sombrerito. Pero El Sombreretillo
–montaña riolítica que da nombre al municipio y cabecera de Sombrerete-, es algo más que un pequeño
sombrero, es la marca distintiva de una población remota en la geografía y remota en un tiempo que incluye la
minería más próspera, las glorias de Guadalupe Victoria, el paso de Juárez, el cuartel de operaciones
de Luis Moya y el punto más estratégico de Pánfilo Natera, tanto que en 1913 y 1914 quedó convertida
en capital provisional del estado de Zacatecas. Sombrerete conserva muchos misterios, el principal, su auge decimonónico
que da cuenta de relatos orales como el que aquí se narra, tan fantásticos que son, por ellos mismos, motivo
para ir a descubrir la hoy lejana población que vibra, a unos 170 kilómetros de la capital zacatecana, bajo
tan implacable centinela de roca.
Sombrerete fue fundada para los registros europeos en 1555 cuando Juan de Tolosa se abrió paso por entre
la sierra madre, acompañado de un grupo de frailes y soldados. Un auténtico bosque de piedra sorprendió
al intrépido viajero; bosque árido e imponente, al que en 1570 la Audiencia de Guadalajara nombrase Villa de
Llerena. Para el siglo XVII Sombrerete acogió La Gran Caja hacia donde fluían los minerales provenientes del
norte del país; de Chihuahua y Sinaloa. Lugar de acceso de la minería y centro minero, hacia 1876 Sombrerete
contaba con una población que superaba los 300 mil habitantes y que pudo haberse elevado a cerca de 500 mil para el
1900. Imaginar un sitio de ese tamaño cuesta trabajo hoy que Sombrerete no cuenta sino con unos 60 mil habitantes.
La población con que estrenó el siglo veinte era equivalente a poco menos de la mitad de toda la población
actual del estado de Zacatecas. Para la transición hacia el siglo veintiuno su grandeza se había visto reducida
por más de siete veces. Remota entre las montañas como lo está también en la historia de una grandeza
ida, llegar a Sombrerete –escenario de la popular película Bandidas- es todavía en 2009, toda una aventura.
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LAS PISTAS:
Las biografías de Thomas Alva Edison coinciden todas en un punto fundamental: No se
conoce a cabal certeza en donde transcurrió su infancia ni hay registro de dónde realizó sus estudios
ni por qué fue educado por su madre, al margen de un entorno social del que se tenga registro, ya fuese en Milan, Ohio
o en Sombrerete, Zacatecas. Cualquiera que sea la historia real de Edison, no se cuenta con documentos en firme. De haber
sido, en efecto, el hijo de un minero de Hidalgo o de Puebla, avecindado en Sombrerete por virtud del auge platero y luego
erradicado para siempre de su natal México para convertirse en el inventor y gran protagonista de la ingeniería
moderna, las piezas que faltan jamás caerán en su lugar. En este rompecabezas, el único recurso al cual
asirse es la imaginación, tan vasta, tan generosa como lo fue la inventiva de Alva Edison, su infinita creatividad
que todavía hoy, nos sorprende sin duda alguna.
Pero cómo surge el mito de su origen zacatecano. Thomas Edison, Tomás Alva, Tomás
Alva Edison, Alva, Al, habría podido ser hijo de Alva, como lo consignó la revista de la Sociedad Teosófica,
misma que habría realizado sus pesquisas, hacia la mitad del siglo veinte (Adolfo de la Peña Gil, “Edison
was born in Mexico” in the Theosophist*).
La ortografía antigua de Alva, devenido Alba en español,
se sumó a semejante ocultamiento, aunado al hecho de que al Edison joven lo llamaran Alva o Al, lo que llevó
a muchos a creer que se trataba de su nombre intermedio (o segundo nombre) y no de su apellido o de una parte de su apellido
paterno. ¿Sería Edison un descendiente de Samuel Alva Ixtlixóchitl, ingeniero de minas? La incógnita
queda ahí pues solo conservó el Alva, aunado al Edison, que en ese caso le habría permitido pasar por
una persona oriunda de Canadá emigrada a Milan, Ohio, y no de México.
En otra línea, se ha argumentado que al quedar sola, su madre, apellidada Edison,
habría relegado el apellido Alva con el afán de subrayar su origen materno y permitirle al chico crecer también
en la patria materna, Canadá. Ello explicaría en parte el uso secundario de Alva, pero no la presencia de los
Edison, incluido quien se asume como su padre, Simón Ogden Edison Jr.
Por último, la relación de que habría tenido un acento al hablar
** (PEÑA GIL), misma que justificaría la tesis de que emigró siendo un joven. De ser así, podríamos
suponer que se inventó una familia o que sólo fungió de hijo adoptivo de una familia Edison, con la que
habría urdido el ocultamiento de su origen, por fines prácticos, casi a la perfección.
Esta última posibilidad se piensa
en base a que Edison habría tenido que ocultar su origen para hacerse pasar por estadounidense y asumir una identidad
que se lo permitió, incluso al punto de mostrar que emigró de pequeño de Canadá a Ohio, sin jamás
pasar por México.
¿Cuál de estas tesis resulta más creíble o qué argumentos se interponen entre cualquiera
de estas visiones y la adoptada por la cultura dominante, es decir, la de su procedencia canadiense y naturalización
en el pequeño poblado de Milan (pronunciado Mailan)?
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UN INDOCUMENTADO
Resulta comprensible que Edison careciese, desde temprana edad, de acta de nacimiento, o de
la discrepancia en su fecha de nacimiento -el once de febrero de 1847 o el 18 de febrero de 1848-. Edison habría nacido
en medio de la guerra entre México y Estados Unidos, coincidiendo la última fecha con el año en que se
firmó el tratado de Guadalupe y a poco más de una decena de años de promulgadas las leyes de reforma
que establecieron el registro civil. Sin registro civil el nacimiento de Thomas Alva Edison, de haber sido capturado, aparecería
tan solo en los libros de actas parroquiales. Y de existir los libros parroquiales de aquellos años, no se hallarían
estos en Zacatecas, sino en Durango, diócesis a la que pertenecen las ciudades del noreste de Zacatecas. Agreguemos
a esto el que haya una alta probabilidad de que los dichos libros parroquiales acabasen quemados, si no en la guerra con Estados
Unidos, sí en la revolución o en la guerra cristera.
Quizás lo más novedoso de este asunto es que Alva Edison habría podido ser
no el primer mexicano, sí el más célebre que habría modificado su identidad para ganarse
la vida ya sea en Canadá o Estados Unidos. Al hacerlo, su historia y circunstancia revelarían algo acerca de
las presiones que los mexicanos ya vivían como inmigrantes, en los meros albores del tratado de Guadalupe. No contamos
con todas las claves, ¡qué va!, pero sabemos que los primeros años de Edison, el nombre de la escuela
primaria en la que estudió, el barrio en el que creció, los maestros que tuvo, sus vecinos, su vida de niño
y de adolescente continúan siendo un misterio para sus biógrafos y para las enciclopedias, que ya luego buscan
como subsanar los huecos fabricándose conjeturas. Incluso existen los ejemplares de El Sol de Durango de 19 en los
que el propio Edison hiciera un llamado con el fin de investigar a sus parientes, sus inicios de vida y su origen (1926, 1927).
Los mitos que giran alrededor
de personajes célebres son tan extraños como abundantes. El que aquí se narra es parte de esa práctica
por la que la historia oral genera su propio curso hasta convertirse en una borrosa pista, la sugerencia de algo que no se
puede constatar ni negar. A juicio del lector o de sus propias pesquisas quedará el continuar por esta veta y asumir
los riesgos de una búsqueda que más parece el acceso a un laberinto sin salida.
*The Theosophist. Publicada por
N. Sri Ram. Septiembre-Abril de 1957.
**Una carta publicada en Chile, en 1933, consigna este hecho interesante del modo como
Edison hablaba “Edison pronounced the English language very defectively, so that it is impossible to translate his ‘argot’
(cant or slang)”.
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"Miré
las casas vacías; las puertas desportilladas, invadidas de yerba.¿Cómo
me dijo aquel fulano que se llamaba esta yerba?
"La
capitana, señor. Una plaga que nomás espera
que se vaya la gente para invadir las casas..."
Pedro Páramo/Juan Rulfo "Ya
lo creo que volveré, para buscar entre los puestos del Arroyo al merolico que me vendió corteza del Perú,
esa con la que se elabora el bálsamo; buena para sanar los dolores y el ansia. Tal vez en ella esté el antídoto
que nos está haciendo falta."
"El día sin su noche"/Zacatecas
polvo y luz
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