|
|
 |
|
Las fiestas del Centenario texto, foto y diseño de María Dolores Bolívar
|
Hoy por cabezas no queda La violencia está que arde Pregunto ¿por qué no ruedan las de los grandes cobardes?
|
|
Primer paréntesis
[El programa de festejos del primer Centenario de la Independencia de México,
en 1910, fue elaborado por una Junta Patriótica constituida con ese fin. El tiempo invertido en tan generosa celebración
revela, a la distancia, la esquizofrenia que aquejaba al régimen porfirista que, justo en su ocaso, se creía
en la cúspide del poder. Diseñadas para ser tributo multitudinario al país independiente, aquellas fiestas
preludiaron un prolongado sismo político.]
Segundo paréntesis
[Gaviota va la
pregunta;
¿que cien años mal no dura? Tan sabia conseja insulta Pues
doscientos acá apura.]
Cien años de próceres y proezas
Las glamorosas fiestas del
Centenario, hace un siglo, comprendieron desfiles, conferencias, veladas literarias, concursos de poesía, evocación
de próceres, ceremonias y actos teatrales, biografías y monografías que dieron forma a la narrativa que
hoy nos sigue concerniente a los padres de la patria. Vista desde el 2010, aquella magna celebración constituyó
el antecedente del México que llenaría nuestras infancias de concursos de declamación, fiestas, honores
a la bandera y otros cien años de próceres y proezas cuya grandeza estriba, a pesar del tiempo, en
haberlos amasado en el más resistente y reminiscente de todos los nacionalismos… el nacionalismo a la mexicana.
La perpetuación en el poder de una sola figura presidencial, por treinta años,
sería sustituida por un partido en el poder, durante setenta. Hoy, al calor de una alternancia que a menudo desborda
en “desgobernanza”, vuelve a debatirse la reelección para munícipes, representantes y gobernadores.
Con ello, el presente político se declara de nuevo incapaz de lidiar democráticamente con las facciones
¿como en los tiempos de Santa Anna? ¿Aquellos mismos que Díaz quiso hacernos creer que conjuraba con
su reeleccionismo y su fórmula de pax porfiriana?
Las fiestas del Centenario
se planearon con pompa y fasto para llevar a la calle y los salones -en tercera dimensión- al México
moderno. El personaje principal –tal vez debiera decir el único- era Porfirio Díaz. Por propósito
explícito, se tuvo el de resaltar su figura presidencial, cerebro y mano insustituibles de su régimen autoritario.
Obsesionado con el poder, Díaz parecía haber comprendido que no sería eterno, sin embargo, lejos de imaginar
su sucesión, empeñaba su astucia en eliminar a cualquiera que pudiese aspirar a tomar su lugar. El más
notable fue el secretario de hacienda José Ives Limantour, quien por esas fechas se hallaba en Europa, realizando gestiones
financieras. En realidad, nada lastimaba más al dictador que el verse imposibilitado de desafiar a la vejez. Con
ochenta y cinco años, cinco que constituyeron su exilio en París, Díaz no cumplió su propio centenario
–fallecido el 2 de julio de 1915-.
Campanita de Dolores Tocaya échate a volar Gritemos juntos señores
No hay nada que festejar
|
|
Inauguraciones
Una larga lista de inauguraciones - El Teatro Nacional (conocido
hoy como Palacio de las Bellas Artes), la estación sismológica de Tacubaya, la fábrica
de pólvora, el parque Obrero, el edificio de la Asociación Cristiana de Jóvenes, el Palacio
del Correo, el Palacio Legislativo, la Cárcel General, los edificios de la Cámara de Diputados, la Secretaría
de Comunicaciones y Obras Públicas, la Escuela Nacional Primaria Industrial para Niñas Corregidora de Querétaro,
la Escuela Normal de Maestros, La Escuela Nacional de Altos Estudios, la Universidad Nacional de México y la Primera
Escuela Técnica Ferrocarrilera- ocupó las energías de la junta patriótica.
Pero tan
profusa inauguración de obras materiales incluyó de manera estelar la columna de la Independencia (Antonio Rivas
Mercado) –El ángel, y el Hemiciclo a Juárez (Guillermo de Heredia) y el Manicomio General, más
conocido como La Castañeda. En el extremo opuesto de lo que quiso representar la columna de Rivas Mercado,
La Castañeda –construida paradójicamente en los terrenos de una antigua hacienda- aporta una
importante marca cultural de aquellos tiempos revueltos. Yo la recuerdo ya en sus días de decrepitud, sobre Mixcoac,
al fondo de un caminito cuya arbolada seca oscurecía el acceso a sus veinticuatro edificios y dos pabellones ya casi
derruidos. Para las generaciones actuales aquel edificio, que el tiempo convirtió en un despojo, no significa casi
nada. Las barreras entre la locura y la salud mental parecen haber caído… algo que habría intrigado a
quien imaginó a La Castañeda, no ya como el símbolo de una sociedad que ofrecería a sus
locos las instalaciones modernas más avanzadas de la psiquiatría… sino cual emblema de un país
desquiciado, aquejado de violencia y crimen y corrupción.
Yo crecí
en ese México de las inauguraciones y acudí a varias, constatando, incluso, el proceso regenerativo que las
recicla o enteras o en partes –hoy el frontispicio, mañana el patio lateral, luego una sala o dos, remodeladas,
el pórtico, la planta alta o la develación de una placa. Inaugurar es un acto tan cotidiano como respirar o
ir al trabajo. Yo inauguro, tú inauguras, nosotros inauguramos. En el presente se inauguran, incluso, los proyectos.
Los gobernadores de hoy han dado con una mina millonaria -la inauguración virtual que no es otra cosa que la presentación
con rueda de prensa de lo que será cuando aparezcan los inversionistas, cuando los fondos fluyan, cuando se cumpla
el plan, cuando se logre la permanencia en el poder en pos de la continuidad, cuando el país mejore, cuando repunte
el flujo de las remesas…- ¿¡Qué nos falta!?
Los diablitos
andan sueltos Animando
este festejo De conciencia
carga un muerto Quien
no se mira al espejo
|
|
Justicia y paz
Para la glamorosa primera década del milenio, la pila bautismal de don Miguel
Hidalgo fue trasladada desde Cuitzeo de Abasolo, Michoacán, hasta el Museo Nacional. No fueron pocas las manifestaciones
en honor de José María Morelos, Leona Vicario, Josefa Ortiz -la Corregidora-, Benito Juárez, y los
niños héroes del 47.
Hidalgo reapareció
cuál ánima, coronado por la mano de una arrogante mujer que representaba/corporeizaba a la Patria. A sus lados,
dos bustos, completando la triada patriótica -el Benemérito Juárez y el general Díaz-
enseñoreaban la más universal de las consignas, aquel dictum de palabra que todavía no significaba casi
nada para los más por la justicia y por la paz.
Los Díaz ofrecieron tés, comidas campestres y al baile de gala
en Palacio Nacional asistieron más de ocho mil personas. Las delegaciones diplomáticas de 32 naciones, simbolizadas
en otro gran desfile de personalidades que llegaron por barco al puerto de Veracruz, fueron recibidas con honores militares.
En la residencia de don Guillermo Landa y Escandón se hospedó el marqués de Polavieja y Nicaragua había
gestionado la participación del poeta Rubén Darío, quien de último momento anunció que
no llegaría.
Mediante música y banquetes se resaltaba el prodigio de la independencia en un enorme entramado que quiso ser a la
vez escenario y escaparate de la grandeza de México. Proliferaron las kermeses (fiesta popular modelada a
partir de la francesa kermesse), las procesiones de antorchas, los circos, el cine de novedosas vistas recién llegado
al país, las carreras a pie y en sacos, los fuegos artificiales, los bailes, las serenatas, los combates florales y
de confeti, las funciones de acróbatas y el reparto -a diestra y siniestra- de ropa y comida a niños pobres.
El 31 de mayo de 1911 Díaz dejó el país para siempre, obligado a renunciar
y salir al exilio en un crucero a vapor de la Hamburg Amerika Line, llamado Ipiranga. Antes de tomar la ruta del
exilio fue huésped por cuatro días en la casa del representante de la compañía inglesa Pearson
& Son. Como hoy que obviamos la representación del México bronco en aras de un México peinado y mejorado
vía la cirugía plástica y la sustitución de bonitos por feos, la escena pública en aquellos
años diez desdecía en todo al México de la escena privada. Para los mexicanos en el poder la modernidad
iba aparejada con la europeización algo que se tradujo, incluso, en el blanqueamiento de la piel (una de las obsesiones
de Díaz).
|
|
Centenario…
Durante años recorrí la Avenida Centenario
como parte de mi rutina diaria. Centenario corría paralela a mi calle, Aldama y, en su proximidad, regía
los sonidos que se colaban por la ventana de mi cuarto –una sirena, el primer autobús matutino, un claxon impaciente-.
En Centenario tomaba la pesera -en aquellos tiempos iba por los diecisiete pesos- que
me llevaba a la Ibero o a Milpa Alta; en Centenario vendían los mejores tamales en hoja de plátano;
por Centenario corría para llegar a la hora en que salía el pan calientito en la Panadería Las Américas;
por Centenario tomaba para caminar al centro de Coyoacán, donde solía hacer el setenta por ciento de
mis actividades diarias. Otra memoria que me viene a la mente es cuán
codiciados eran los centenarios en oro, con su columna de la independencia… pero pocos saben que
no se acuñaron, como se había previsto, en 1910, sino hasta 1921. Simbolizan el prolongado paréntesis
que ocurrió al tiempo en que el país se desangraba en guerra civil. Para quienes la vivieron, la revolución
pareció interminable… “¡Toda mi infancia!” decía mi abuela Eloisa cuando lanzaba a
su interlocutor las muchísimas anécdotas que su memoria conservó, ella que nació en 1905 y vivió
para contar, en primera persona, la violencia desencadenada alrededor de su casa ubicada en el centro histórico, afectando
en primera persona también a sus padres, tíos, abuelos. Su existencia transcurrió, hasta su muerte, al
margen de los registros civiles visto que su acta de nacimiento se quemó, por el mismo motivo, condenándola
a una existencia sin documentos que padeció como muchos de su generación.
¿No
hay mal que cien años dure? Preguntó
Leyva a un juglar Amigo usted no se apure Esta historia va a cambiar...
|
|
Efemérides del Bicentenario y Centenario (O la lógica
de los héroes que presupone un mundo de buenos y malos…
Por el
callerío ya corren De tepache los jarritos ¡Ay Azuela! Se descorren Muy sucios esos trapitos
[Antes de que se “consumara”
la independencia que dio origen a la nación mexicana habían muerto ya sus próceres.]
Miguel
Hidalgo capturado el 21 de marzo
de 1811 fue fusilado el 30 de julio de 1811 en Chihuahua, a los 48 años. Su cabeza fue trasladada de Chihuahua a Guanajuato
en una macabra procesión y colgó expuesta en una jaula de una esquina del techo de la Alhóndiga de Granaditas,
como escarmiento para otros insurgentes mexicanos.
Mariano
Jiménez, Ignacio Allende y Juan Aldama – respectivamente a la edad de 30, 42 y 47 años,
fueron fusilados por las fuerzas realistas el 26 de junio de 1811. Decapitados luego de ser fusilados, sus cabezas fueron
también colocadas en jaulas que ocuparon las otras tres esquinas de la Alhóndiga, al igual que ocurrió
con Hidalgo.
José
María Morelos, murió ejecutado “por traición” el 22 de diciembre de
1815, a los cuarenta años, siendo la cabeza de la insurrección por la independencia de México. [Al cierre de la década
de los veinte habían muerto todos los protagonistas de la revolución de 1910].
Francisco
I Madero murió asesinado el 22 de febrero de 1913,
a los cuarenta años.
Emiliano
Zapata murió asesinado el 10 de abril de 1919, a los cuarenta años. Francisco Villa (Doroteo Arango) murió
asesinado el 20 de julio de 1923, a los 45 años.
Felipe
Ángeles fue ejecutado en Chihuahua, el 26 de noviembre de 1919, a los 59 años. Ricardo
Flores Magón murió en la prisión de Leavenworth, Kansas,
en 1922, antes de cumplir cincuenta años.
Álvaro
Obregón murió asesinado a los 48 años, en el banquete que se ofreció para
celebrar su triunfo electoral, reeleccionista, el 17 de julio de 1928, en el restaurante "La Bombilla", en San Ángel,
hoy delegación Álvaro Obregón. Recibió tres balazos en el rostro. Obregón había
perdido su mano derecha en una batalla contra las huestes villistas –La Batalla de Celaya-, en 1915. Expuesta durante
más de setenta años, desde 1928, en el monumento dedicado a su memoria, desapareció en 1999, sin quedar
rastro de ella. ¿Cremada? ¿Enterrada? ¿Arrumbada? No se sabe. En su lugar luce ahora un medio brazo esculpido
y las frases grandilocuentes, para la historia, que lo elevan, pretenciosa e inmerecidamente, al nivel de Bolivar y de Morelos.
Ya la mano
de Obregón Manotea
desaforada Con ella
cargó un cabrón Que se dio a la desbandada
|
|
Porfirio Díaz,
murió a los 85 años en julio 2 de 1915 en París. El círculo parece que cobra racionalidad al observar quiénes vivieron y quiénes
y cómo murieron. Con pocas excepciones, los personajes que constituyeron la clase política del México
moderno habían fallecido para la segunda década de su siglo y notoriamente, antes de cumplir cincuenta, en su
mayoría… Tal vez esto pruebe que, pese a una reiterada obsesión centenarista, la historia es
todo menos el proceso lineal que va a dar con un esquema de fechas, nombres y registros (si no pregúntenselo a mi abuelita).
¿Y La Adelita? Me cuentan que se fue pa’l otro lado viajó con una irredenta cuadrilla de renombrados Tóquenme el rascapetate Que la Chui cante en inglés Pa’ California nos vamos En Chihuahuense a las tres
¿Donde
quedó aquel político
Que tuvo fama de hampón? Los de hoy se quedan cortitos hamponcitos
del montón
|
|
 |
|
|
|
"Miré
las casas vacías; las puertas desportilladas, invadidas de yerba.¿Cómo
me dijo aquel fulano que se llamaba esta yerba?
"La
capitana, señor. Una plaga que nomás espera
que se vaya la gente para invadir las casas..."
Pedro Páramo/Juan Rulfo "Ya
lo creo que volveré, para buscar entre los puestos del Arroyo al merolico que me vendió corteza del Perú,
esa con la que se elabora el bálsamo; buena para sanar los dolores y el ansia. Tal vez en ella esté el antídoto
que nos está haciendo falta."
"El día sin su noche"/Zacatecas
polvo y luz
All texts and designs
on these pages are the property of María Dolores Bolívar unless otherwise specified. Protect intellectual property.
Ask about the origin of all creative work. Do not reproduce without express permission. ©
|
|
|
 |