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A dos siglos de la independencia y uno de la revolución no nos queda
sino dedicarle a esos dos acontecimientos dolorosos nuestra más sensible inspiración. El humor es sanador, a
veces, pero últimamente en México nada, ni los talismanes, ni las limpias, ni la poderosa fe colectiva, ni los
milagros del Santo Niño de Atocha o de la vírgen de San Juan de los Lagos, vaya, ni los poderes infinitos de
San Judas, patrono de las causas perdidas, parecen tener efecto. Así que para conjurar a esta mala racha,
que ya ajusta los cien años, vayan estas calaveras...
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